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¿Cómo puedo reconectar con mi familia?

10 meses ago · · Comentarios desactivados en ¿Cómo puedo reconectar con mi familia?

¿Cómo puedo reconectar con mi familia?

El punto de partida del conocimiento del mundo en el que vivimos empezará en nuestro hogar, con la familia como base de aprendizaje de las relaciones que establezcamos a lo largo de la vida. La infancia es una etapa muy importante para ello, pues en ella se define cómo entenderemos estas relaciones futuras.

Uno de los primeros instrumentos para aprender a relacionarnos con los otros es el juego, siendo nuestros padres los encargados de enseñarnos ciertas normas básicas que nos permiten disfrutar y respetar. Adaptando el juego a nuestras necesidades, dándonos los juguetes de uno en uno, explicándonos sus características, mostrándonos cómo jugar con ellos, limitando el tiempo de uso… nos darán una lección de empatía y cariño. En cambio, acciones como la saturación de juguetes y el desentenderse de nuestro juego pueden ser perjudiciales para nuestras relaciones con los demás, ya que se basan en la parte material del afecto.

Estos pequeños gestos irán haciendo que adquiramos de una manera satisfactoria las relacionarnos con padres y hermanos, pudiéndolas extender progresivamente a personas ajenas a la familia.

Además, es básico para nuestro bienestar disponer de personas con más experiencia vital que nos orienten para llegar a ser un sujeto autónomo, capaz de expresar nuestros sentimientos y con interés por el estado de los demás. Características que podemos fomentar en el día a día familiar: pasando más tiempo juntos, colaborando en las tareas del hogar, estableciendo pautas de cortesía y educación, conversando sobre temas de interés de cada uno, etc.

No podemos obviar que en las familias ocasionalmente tenemos riñas y discusiones. Es aquí donde construimos nuestros primeros pilares para la resolución de conflictos. Si en nuestra familia la estrategia para solucionar los problemas consiste en hacer cómo que no existen, nosotros probablemente repetiremos la estrategia fuera de casa. El motivo por el que aplicar esta solución poco acertada se debe a que tendemos a imitar lo visto desde pequeños.

Por todo lo anterior, resulta fundamental para nuestro desarrollo afectivo-emocional que dispongamos de un espacio de comunicación en el que podernos sentir integrados y escuchados por la familia. Probablemente en las primeras etapas no tengamos ninguna dificultad destacable, pero será esencial que hayamos formado este vínculo de confianza para que el día de mañana sepamos a quién acudir en caso de percibir algo que nos produzca malestar.

¿Entonces una familia que últimamente ha descuidado la comunicación entre sus miembros cómo puede hacer para recuperarla? Es fundamental la búsqueda de momentos donde cada uno de los familiares disponga del tiempo necesario para expresarse y la ausencia de distracciones externas (televisión, móvil, ordenador…). Obviamente no podemos pretender que de la noche a la mañana sean espontáneas estas interacciones, pero sí buscar espacios donde lo puedan parecer: comer fuera de casa, realizar una ruta de senderismo, cocinar juntos, ver recuerdos de la infancia, …

Podemos vivir lamentando haber perdido el contacto con nuestros seres queridos o dar un paso al frente buscando mejorar nuestras relaciones, todos agradecemos que nos dediquen su tiempo, ¿te atreves a ofrecer el tuyo a los tuyos?  

Cuando nos perdemos para encontrarnos: la adolescencia

11 meses ago · · Comentarios desactivados en Cuando nos perdemos para encontrarnos: la adolescencia

Cuando nos perdemos para encontrarnos: la adolescencia

La adolescencia es la etapa de la vida en la que nos enfrentamos al reto de construir una identidad con la que sentirnos cómodos para poder desenvolvernos en el día a día. Durante estos años, las personas cambian de gustos y aficiones, pasando a ser en muchos momentos unos auténticos extraños para sus padres, que no acaban de entender a qué se debe este cambio: ¿por qué si a mi hijo le encantaba pasar tiempo conmigo ahora me rehúye?

El progresivo descubrimiento del mundo que marca esa etapa de la vida va acompañado de varias preguntas que los adolescentes se van realizando, cada vez con más afán de respuesta: “¿qué lugar ocupo yo en este mundo?” “¿cómo puedo ser aceptado por mis amigos?” “¿qué tengo que hacer para que los otros me quieran?”

Los modelos de éxito que los medios de comunicación y las redes sociales trasladan a nuestros hijos son los de jóvenes que transgreden las normas y, a cambio, reciben grandes dosis de admiración, youtubers e influencers que venden una manera sencilla de encajar en una realidad compleja, colegas que les cuentan sus logros, pero que no mencionan a qué tuvieron que renunciar para conseguirlos y si de verdad les mereció la pena esa renuncia… Así, los adolescentes se van separando del camino que habíamos trazado para ellos, y conectan con otro en el que los valores que más destacan no son la responsabilidad y el esfuerzo, sino la rebeldía y la disconformidad. Un camino en el que pasar tiempo de forma voluntaria con la familia no es precisamente una prioridad.

Indudablemente, la mejor manera de ser aceptados por nuestros iguales en edad es destacando. Como resaltar académicamente resulta excesivamente costoso y no está al alcance de cualquiera, a veces nuestros hijos tienden a valerse de otras opciones más rápidas y accesibles, como sobresalir por el aparente pasotismo hacia todo lo que ocurre a su alrededor, despuntar siendo los que más novillos hacen, ser los más precoces en empezar a fumar o hacerse notar mediante piercings o tatuajes. Y cuando una de esas opciones no les da resultado, siguen probando las otras, pues el deseo que sienten de ser reconocidos y valorados por los demás es enorme.

Es tanta la energía y vitalidad que dedican a la consecución de un objetivo tan importante y complicado de satisfacer como encontrar su lugar en el mundo, que a veces los adolescentes puedan tener tentaciones de tomar alguna alternativa extrema e incluso peligrosa. Es en este punto donde los padres tenemos que ser hábiles para apoyarles y hacerles sentir que hay formas más sensatas de lograr hacerse con ese espacio tan anhelado.

Habitualmente los adolescentes se encuentran ante un dilema que pocas veces llegan a verbalizar, y menos ante un adulto. Por un lado, necesitan sentirse con la suficiente libertad para tomar sus propias decisiones, pues viven sus experiencias como únicas y no creen que sus padres puedan entender el conflicto al que se enfrentan. Por otro, son emocionalmente inestables y necesitan que alguien les proteja de unas primeras experiencias que, en ocasiones, son sumamente duras.

Esa es la paradoja de la adolescencia, una etapa vital en la que confluyen dos necesidades (el ansia de libertad y el anhelo de la seguridad de la infancia) que pueden llegar a ser contradictorias, y que coinciden con una serie de rasgos psicológicos y emocionales, a veces contrapuestos, y de muy difícil manejo para los padres: la necesidad de afirmación de la propia identidad junto a la necesidad de que otra persona les anticipe qué les puede ocurrir, la confianza desproporcionada en las capacidades propias junto a los cambios de humor sin aparente motivo, la agresividad junto al retraimiento, la sensación de que nadie les comprende junto a una cierta limitación para ponerse en el lugar del otro.

La adolescencia comienza como el turista recién llegado a la ciudad: mira hacía todos lados y anda sin sentido. Puede que al principio se desoriente y se pierda, esto le permitirá conocerla más a fondo. Tras un tiempo, si le hemos permitido explorar evitando los barrios más peligrosos, es capaz de enseñarle la ciudad a un nativo.

¿Es mi relación de pareja una ‘relación sana’?

2 años ago · · Comentarios desactivados en ¿Es mi relación de pareja una ‘relación sana’?

¿Es mi relación de pareja una ‘relación sana’?

Todas las parejas discuten. Es algo común en las relaciones entre personas. Discutir en sí mismo no es negativo, sino un mero intercambio de opiniones, normalmente en desacuerdo. En general, discutiendo podemos lograr enriquecer nuestro entender, nuestra mente.Ahora bien, cuando tales intercambios se acomodan en un tono de voz elevado (gritos), cuando son unidireccionales (no escuchamos), cuando la finalidad de la discusión no es la de avanzar en la pareja sino más bien la de reprochar cuestiones a la otra persona, entonces, se puede decir que la discusión no aporta nada útil a la pareja, no es sana.
Si estas discusiones ocurren a menudo, siempre en esta misma tónica, o incluso creciendo en espiral, convirtiéndose en una dinámica negativa instaurada en la pareja, podemos decir que nuestra relación NO ES SANA.

Sin embargo, este no es el único indicio de una relación poco sana o incluso tóxica. Analicemos entonces los componentes emocionales de los que cualquier relación sana debería constar:

– Amor y afecto: base de una relación sentimental. Sin embargo, sólo con el amor no basta; las relaciones deben construirse día a día con los elementos que mencionamos a continuación.
– Confianza: clave para llegar a respetarnos, apoyarnos, sentirnos libres en nuestras decisiones y emociones. La confianza se consigue en base a la comunicación y a la sinceridad.
– Sinceridad: mentir u ocultar información relevante concerniente a la pareja mermará profundamente la confianza entre ambas personas, pudiendo instaurarse una dinámica negativa de la que más tarde resultará difícil salir. Ahora bien, ser sincero no es equivalente de contar todo a nuestras parejas, dentro de nuestra intimidad personal podemos escoger qué es lo que queremos compartir.
– Autonomía: en una relación de pareja una persona debe sentirse y ser autónoma, es decir, libre para tomar sus decisiones, para tener opinión propia, sentir a su manera, tener sus aficiones, sus proyectos. Autonomía no es equivalente a independencia. En autonomía la persona cuenta con el otro/a, como compañero/a de vida; los casos de dinámicas independientes vienen marcados por connotaciones menos empáticas.
– Respeto: cada pareja establece sus propias normas consensuadas. Deben respetarse para que la confianza se afiance y así configurar la relación como más sana. Aceptar a nuestra pareja con sus virtudes y defectos es una muestra necesaria de respeto.
– Igualdad: hoy en día más que nunca estamos concienciados con la igualdad entre roles en las parejas. Es importante no dar por hecho quién realiza qué tareas o a quién corresponde tal responsabilidad. La sociedad aún nos marca ciertos papeles que debemos reubicar mediante la comunicación.
– Comunicación asertiva: se mencionan claves como la escucha activa y la comprensión empática. Además, debemos tener en cuenta la resolución de conflictos mediante negociaciones y cesiones equitativas.
– Apoyo emocional: valoración de pensamientos, emociones y proyectos del otro.

 

No es tan fácil y evidente cumplir con todo lo anteriormente mencionado. A menudo caemos en dinámicas más tóxicas dentro de una relación de pareja. A continuación, se especifican algunos de los indicadores que nos pudieran dar pistas sobre si nuestra relación de pareja no es tan sana:
– Pocas muestras de amor o afecto
– Desconfianza: celos, controlar el móvil o redes sociales de la otra persona, vigilar sus entradas o salidas de casa, ocultar información, mentir, etc.
– Sentir dependencia emocional
– Sentirse cohibido, con miedo, controlado, presionado, amenazado, obligado a realizar ciertos actos en contra de nuestra voluntad.
– Faltas de respeto: menosprecios, infravalorar sus ideas o emociones, insultos, ridiculizar, culpabilizar, ignorar, chantajear, manipular, etc.
– Sobreprotección hacia o desde el otro/a.
– Discusiones frecuentes irrespetuosas (gritos, insultos, uso de la violencia, menosprecios, etc.).

Es común que a lo largo de las relaciones de pareja se den algunos de los elementos anteriormente mencionados. Entenderse no siempre es fácil. Mantener el equilibrio entre dos personas requiere de constante movimiento y energía por intentar mejorar, comunicándonos de una manera eficaz. Las relaciones se construyen en libertad gracias al amor y al trabajo mutuo.

Carta anónima: “Aunque la vida no resulte ser la fiesta que esperabas, nunca dejes de avanzar”

2 años ago · · Comentarios desactivados en Carta anónima: “Aunque la vida no resulte ser la fiesta que esperabas, nunca dejes de avanzar”

Carta anónima: “Aunque la vida no resulte ser la fiesta que esperabas, nunca dejes de avanzar”

Nunca pensé que alguien pudiese sentirse así: solo, triste, apático, sin ganas de nada. No era feliz, no sabía cómo seguir hacia delante. No sabía cómo vivir, no tenía ganas de vivir. La vida no tenía sentido para mí, al menos estando solo. No sabía cómo expulsar esa sensación de dentro de mí, me controlaba. Era consciente de que tenía un problema, y poco a poco me fui dando cuenta de que no podía solucionarlo sólo.

Decidí buscar ayuda profesional. Gracias al trabajo conjunto, pude aprender a disfrutar de mi día a día, incluso de mis momentos de soledad. Todo es cuestión de perspectiva, “sólo” tenía que mirar hacia mí mismo, sin depender tanto mi felicidad de los demás, de una pareja. Parecía imposible, pero al final pude echar al monstruo que tenía dentro.

A día de hoy, puedo decir que me siento muy orgulloso de haber tomado esa decisión. Tocó trabajar, concentrarse, implicarse…pero mereció la pena. Pedir ayuda no es signo de debilidad, sino de fortaleza.

Carta anónima: «Y de repente…ANSIEDAD»

3 años ago · · Comentarios desactivados en Carta anónima: «Y de repente…ANSIEDAD»

Carta anónima: «Y de repente…ANSIEDAD»

Al principio no sabía lo que me pasaba, era una sensación nueva,  nunca me había sentido así, nunca me había pasado algo así.

Me sentía perdido. Buscaba en Internet y las respuestas que encontraba eran muy negativas. Me identificaba con todos los síntomas de todas las enfermedades. Llegué a pensar que algo malo tenía en el cuerpo, incluso que podía padecer cáncer.

Además, cuando me enfrentaba al mundo exterior me sentía sobrepasado. Al salir a la calle me empezaban a temblar las piernas, me mareaba. También me sucedía cuando iba con mis amigos de fiesta o a comprar. En definitiva, me ocurría casi en cualquier lugar y ante cualquier circunstancia. No me reconocía, yo no era así.

Finalmente, fui al hospital. Me dolía mucho el pecho y necesitaba que me dijeran qué me ocurría. Estaba muy asustado. Me hicieron análisis de sangre y  otras pruebas; todos los resultados eran  buenos. Aún así no me quedaba tranquilo.

Mi familia empezó a comprender que algo me pasaba, pero no físicamente sino mentalmente. Todos entendimos cómo algunas circunstancias familiares inestables y complejas afectaban a mi estado, perjudicándome.   Así empecé a ir a la psicóloga. Ella me explicó que tenía ansiedad y que era algo bastante normal, que debía aprender a convivir con ello. Ese momento pensaba que mi vida iba a transcurrir encerrado en casa sin estudiar, sin trabajar, e incluso que iba a perder a mis amigos.

Poco a poco voy comprendiendo cómo convivir con ansiedad, pero una ansiedad estable y controlada. Ahora, siento que me estoy reseteando como persona y estableciendo unas bases para ser una nueva persona y poder mantener una estabilidad emocional buena.

Desde mi punto de vista, y en base a mi experiencia, cuando se padece de ansiedad o cualquier otro tipo de dificultad emocional, es necesario hablar con una persona de confianza. Pedir ayuda es imprescindible para poder afrontar los altibajos que puedan llegar. A mi caso concreto, me han ayudado mucho mis amigos, mi familia y sobre todo ir trabajando día a día, dando pasos hacia delante de forma constante para estar mejor. Aunque todavía me queda un poco para encontrarme bien, tengo claro que voy a volver a ser una persona estable y que voy a poder hacer lo que yo quiera, voy a poder controlar mi vida.

CARTA ANÓNIMA

3 años ago · · Comentarios desactivados en CARTA ANÓNIMA

CARTA ANÓNIMA

A MI AMIGA Y ENEMIGA: MI ANSIEDAD

Tener ansiedad no es como la gente piensa. Normalmente cuando les mencionas que tienes ansiedad, no lo entienden, casi como si no te hubiese pasado nada o como si te lo estuvieses inventando, pero es mucho más que eso. La ansiedad es tu amiga y tu peor enemiga: tu amiga porque te acompaña siempre en tus momentos difíciles y tu peor enemiga porque una vez sale no la puedes controlar ni volver a guardarla, y aunque parece que desaparece…siempre queda una pequeña sombra.

Desde que tengo uso de razón la ansiedad me ha acompañado de maneras diferentes. La primera vez que la sentí era sobre todo una sensación de ahogo, de lucha contra mí misma, sentía una fuerte presión en el pecho, me sudaban las manos, me temblaban las piernas y todos los lugares me parecían pequeños. Poco a poco fue pasando, pero cada vez que la vida me hacía afrontar algún problema la ansiedad salía en una nueva forma: me encerraba en mí misma,  tenía mucha angustia y tristeza, batallaba día a día conmigo misma y me faltaban ganas para todo. Por mi bien, debía obligarme a hacer cosas que para la gente son normales como salir a la calle o ir al cine, o incluso bailar en un bar.

Pensé que mi ansiedad solo podría ir a mejor, y durante unos años ha estado un poco oculta. Pero mi vida dio un giro inesperado y negativo, y mi amiga  y enemiga salió a visitarme  en una nueva forma. Nunca pensé que podría pasarme algo así a mí, que creía que ya me había tocado suficiente. La ansiedad estaba siempre al acecho, pero en esta ocasión las crisis eran más intensas de lo que jamás pude pensar. Mi cabeza se trasladaba a otro lado, sin ser yo consciente de ello, mientras mi cuerpo se quedaba en el mismo sitio.  De repente vivía en la oscuridad, la ansiedad tomó completamente el control de mi vida y de mi mente, no era dueña de mi misma, me inundaba una incertidumbre acerca de qué iba  pasar en cada momento, la inseguridad se apoderó de mí. Yo no quería vivir así, era insoportable. Total oscuridad. Sentía un vacio inmenso, un vacío incluso que me llevó a pensar en quitarme la vida; no quería sentirlo más.

Gracias al esfuerzo de los que me quieren y la ayuda profesional estoy superando a mi amiga y a mi enemiga. Sin duda, el mayor trabajo de todos lo tengo que hacer yo misma, es una de las lecciones que me llevo  de esta vivencia, solo yo puedo salir de mi oscuridad, pero es muy importante sentirse apoyada y querida. Aún queda mucho por luchar, pero puedo decir que tengo ganas de vivir y de seguir superándome.

Aún hoy, me cuesta mucho hablar de esto. Espero que este texto sirva para ayudar a todas las personas que lo quieran leer, seguramente porque en cierto modo se han sentido identificadas. Os animo a compartir vuestra experiencia, somos muchos los que padecemos de ansiedad, y sentirnos comprendidos es el primer paso para pedir ayuda y para comenzar a sentirnos mejor.