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Cuando nos perdemos para encontrarnos: la adolescencia

11 meses ago · · Comentarios desactivados en Cuando nos perdemos para encontrarnos: la adolescencia

Cuando nos perdemos para encontrarnos: la adolescencia

La adolescencia es la etapa de la vida en la que nos enfrentamos al reto de construir una identidad con la que sentirnos cómodos para poder desenvolvernos en el día a día. Durante estos años, las personas cambian de gustos y aficiones, pasando a ser en muchos momentos unos auténticos extraños para sus padres, que no acaban de entender a qué se debe este cambio: ¿por qué si a mi hijo le encantaba pasar tiempo conmigo ahora me rehúye?

El progresivo descubrimiento del mundo que marca esa etapa de la vida va acompañado de varias preguntas que los adolescentes se van realizando, cada vez con más afán de respuesta: “¿qué lugar ocupo yo en este mundo?” “¿cómo puedo ser aceptado por mis amigos?” “¿qué tengo que hacer para que los otros me quieran?”

Los modelos de éxito que los medios de comunicación y las redes sociales trasladan a nuestros hijos son los de jóvenes que transgreden las normas y, a cambio, reciben grandes dosis de admiración, youtubers e influencers que venden una manera sencilla de encajar en una realidad compleja, colegas que les cuentan sus logros, pero que no mencionan a qué tuvieron que renunciar para conseguirlos y si de verdad les mereció la pena esa renuncia… Así, los adolescentes se van separando del camino que habíamos trazado para ellos, y conectan con otro en el que los valores que más destacan no son la responsabilidad y el esfuerzo, sino la rebeldía y la disconformidad. Un camino en el que pasar tiempo de forma voluntaria con la familia no es precisamente una prioridad.

Indudablemente, la mejor manera de ser aceptados por nuestros iguales en edad es destacando. Como resaltar académicamente resulta excesivamente costoso y no está al alcance de cualquiera, a veces nuestros hijos tienden a valerse de otras opciones más rápidas y accesibles, como sobresalir por el aparente pasotismo hacia todo lo que ocurre a su alrededor, despuntar siendo los que más novillos hacen, ser los más precoces en empezar a fumar o hacerse notar mediante piercings o tatuajes. Y cuando una de esas opciones no les da resultado, siguen probando las otras, pues el deseo que sienten de ser reconocidos y valorados por los demás es enorme.

Es tanta la energía y vitalidad que dedican a la consecución de un objetivo tan importante y complicado de satisfacer como encontrar su lugar en el mundo, que a veces los adolescentes puedan tener tentaciones de tomar alguna alternativa extrema e incluso peligrosa. Es en este punto donde los padres tenemos que ser hábiles para apoyarles y hacerles sentir que hay formas más sensatas de lograr hacerse con ese espacio tan anhelado.

Habitualmente los adolescentes se encuentran ante un dilema que pocas veces llegan a verbalizar, y menos ante un adulto. Por un lado, necesitan sentirse con la suficiente libertad para tomar sus propias decisiones, pues viven sus experiencias como únicas y no creen que sus padres puedan entender el conflicto al que se enfrentan. Por otro, son emocionalmente inestables y necesitan que alguien les proteja de unas primeras experiencias que, en ocasiones, son sumamente duras.

Esa es la paradoja de la adolescencia, una etapa vital en la que confluyen dos necesidades (el ansia de libertad y el anhelo de la seguridad de la infancia) que pueden llegar a ser contradictorias, y que coinciden con una serie de rasgos psicológicos y emocionales, a veces contrapuestos, y de muy difícil manejo para los padres: la necesidad de afirmación de la propia identidad junto a la necesidad de que otra persona les anticipe qué les puede ocurrir, la confianza desproporcionada en las capacidades propias junto a los cambios de humor sin aparente motivo, la agresividad junto al retraimiento, la sensación de que nadie les comprende junto a una cierta limitación para ponerse en el lugar del otro.

La adolescencia comienza como el turista recién llegado a la ciudad: mira hacía todos lados y anda sin sentido. Puede que al principio se desoriente y se pierda, esto le permitirá conocerla más a fondo. Tras un tiempo, si le hemos permitido explorar evitando los barrios más peligrosos, es capaz de enseñarle la ciudad a un nativo.