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Traumas

Según la CIE-10, un trauma puede considerarse derivado de la exposición a un acontecimiento estresante o situación, tanto breve como prolongada, de naturaleza excepcionalmente amenazadora o catastrófica, que podría causar un profundo disconfort en casi todo el mundo.

Cuando vivimos un evento negativo y de gran relevancia para nosotros, normalmente inesperado y siempre indeseado, puede sucedernos que no nos veamos con los suficientes recursos emocionales para autogestionarlo adecuadamente. Tales eventos suelen suponer una gran perturbación para el que los vive, no pudiendo encajar estas vivencias en algún esquema conocido que la persona usa normalmente para entender y manejar el mundo. Así, estas vivencias o eventos se detectan para la persona concreta como una amenaza o ataque, derivando probablemente en lo que conocemos como TRAUMA.

La situación que desencadena el trauma puede haber ocurrido en una sola ocasión (por ejemplo, un accidente de tráfico) o bien presentarse de forma repetitiva en el tiempo (por ejemplo, abusos en la infancia).

Un trauma puede considerarse una dificultad psicóloga de relevancia cuando deja secuelas en forma de sueños, recuerdos u otras formas de revivir lo ocurrido, cuando provoca un gran malestar que afecta a la vida laboral o personal, cuando se inician estrategias de evitación frente a las propias sensaciones o en determinadas situaciones, cuando siguen diferentes problemas emocionales o bien cuando el estado de alerta permanece alterado.

 

Cada persona es diferente y así lo es también en modo en el que percibe el mundo. Así, dependerá de cada uno si una vivencia resulta ser traumática para él o no. De este modo, la escala con la que se mide la gravedad de los elementos será siempre subjetiva. Por ejemplo, si bien un accidente de tráfico puede resultar para una persona traumático y marcarle para siempre el resto de su vida, quizá para otro resulte ser un “simple” susto. Puede ser que una infidelidad acabe por suponer un trauma en una persona en particular, si bien en general este tipo de eventos no suelen estar asociados a un trauma.

TRAUMAS EN LA INFANCIA

La vulnerabilidad propia de los niños y niñas en esta etapa de su vida les hace dependientes de sus cuidadores, en la mayoría de los casos sus padres. Así, pueden vivir como amenazantes diferentes conductas de abuso o abandono, afectándoles durante el resto de sus vidas, generándoles un trauma.

Desgraciadamente, estos casos son más comunes de lo que pudiésemos imaginar. Debemos tener en cuenta que el maltrato adquiere diversas formas, en muchas ocasiones muy sutiles. La huella traumática puede ser igual o mayor en casos de maltrato emocional, no sólo en el abuso físico o sexual.

TEPT: trastorno por estrés postraumático

Un trauma deriva en trastorno cuando llega tomar la forma de ansiedad y alerta constante, durante un período de tiempo largo y llegando a condicionar gravemente o incluso imposibilitar la vida cotidiana de la persona en todas sus esferas (familiar, social, académica-profesional, sentimental, sexual, emocional…).

Las personas que lo padecen describen su vivencia como “un antes y un después” en sus vidas. Consideran que el evento traumático condicionó sus vidas para siempre. Se ven marcados por una de alerta constante, la evitación de situaciones o sensaciones, tienen recuerdos o flashbacks recurrentes, pesadillas, sentimientos depresivos, autovaloraciones negativas, visión del mundo hostil, hipervigilancia, sobresaltos, problemas de concentración, dificultades para dormir, comportamiento irritable, conductas imprudentes o autodestructivas, apatía, anhedonia, etc.

Terapia psicológica

La intervención en situaciones de trauma siempre va orientada al análisis del evento concreto,  o bien de las situaciones repetidas que han generado el trauma. Reinterpretarlo y aceptarlo es el primer paso de cara a superar y convivir con las cicatrices que siempre quedarán de las heridas traumáticas. Otras técnicas orientadas a la confrontación de las situaciones cotidianas presentes ayudarán a la persona afectada a afrontar y a disfrutar más de su día a día.

Según la CIE-10, un trauma puede considerarse derivado de la exposición a un acontecimiento estresante o situación, tanto breve como prolongada, de naturaleza excepcionalmente amenazadora o catastrófica, que podría causar un profundo disconfort en casi todo el mundo.

Cuando vivimos un evento negativo y de gran relevancia para nosotros, normalmente inesperado y siempre indeseado, puede sucedernos que no nos veamos con los suficientes recursos emocionales para autogestionarlo adecuadamente. Tales eventos suelen suponer una gran perturbación para el que los vive, no pudiendo encajar estas vivencias en algún esquema conocido que la persona usa normalmente para entender y manejar el mundo. Así, estas vivencias o eventos se detectan para la persona concreta como una amenaza o ataque, derivando probablemente en lo que conocemos como TRAUMA.

La situación que desencadena el trauma puede haber ocurrido en una sola ocasión (por ejemplo, un accidente de tráfico) o bien presentarse de forma repetitiva en el tiempo (por ejemplo, abusos en la infancia).

Un trauma puede considerarse una dificultad psicóloga de relevancia cuando deja secuelas en forma de sueños, recuerdos u otras formas de revivir lo ocurrido, cuando provoca un gran malestar que afecta a la vida laboral o personal, cuando se inician estrategias de evitación frente a las propias sensaciones o en determinadas situaciones, cuando siguen diferentes problemas emocionales o bien cuando el estado de alerta permanece alterado.

 

Cada persona es diferente y así lo es también en modo en el que percibe el mundo. Así, dependerá de cada uno si una vivencia resulta ser traumática para él o no. De este modo, la escala con la que se mide la gravedad de los elementos será siempre subjetiva. Por ejemplo, si bien un accidente de tráfico puede resultar para una persona traumático y marcarle para siempre el resto de su vida, quizá para otro resulte ser un “simple” susto. Puede ser que una infidelidad acabe por suponer un trauma en una persona en particular, si bien en general este tipo de eventos no suelen estar asociados a un trauma.

TRAUMAS EN LA INFANCIA

La vulnerabilidad propia de los niños y niñas en esta etapa de su vida les hace dependientes de sus cuidadores, en la mayoría de los casos sus padres. Así, pueden vivir como amenazantes diferentes conductas de abuso o abandono, afectándoles durante el resto de sus vidas, generándoles un trauma.

Desgraciadamente, estos casos son más comunes de lo que pudiésemos imaginar. Debemos tener en cuenta que el maltrato adquiere diversas formas, en muchas ocasiones muy sutiles. La huella traumática puede ser igual o mayor en casos de maltrato emocional, no sólo en el abuso físico o sexual.

TEPT: trastorno por estrés postraumático

Un trauma deriva en trastorno cuando llega tomar la forma de ansiedad y alerta constante, durante un período de tiempo largo y llegando a condicionar gravemente o incluso imposibilitar la vida cotidiana de la persona en todas sus esferas (familiar, social, académica-profesional, sentimental, sexual, emocional…).

Las personas que lo padecen describen su vivencia como “un antes y un después” en sus vidas. Consideran que el evento traumático condicionó sus vidas para siempre. Se ven marcados por una de alerta constante, la evitación de situaciones o sensaciones, tienen recuerdos o flashbacks recurrentes, pesadillas, sentimientos depresivos, autovaloraciones negativas, visión del mundo hostil, hipervigilancia, sobresaltos, problemas de concentración, dificultades para dormir, comportamiento irritable, conductas imprudentes o autodestructivas, apatía, anhedonia, etc.

Terapia psicológica

La intervención en situaciones de trauma siempre va orientada al análisis del evento concreto,  o bien de las situaciones repetidas que han generado el trauma. Reinterpretarlo y aceptarlo es el primer paso de cara a superar y convivir con las cicatrices que siempre quedarán de las heridas traumáticas. Otras técnicas orientadas a la confrontación de las situaciones cotidianas presentes ayudarán a la persona afectada a afrontar y a disfrutar más de su día a día.