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Violencia

Qué es Violencia: Física y Psicológica

Se considera acto de violencia todo aquel que implique la fuerza física o psíquica (verbal o no verbal) sobre otra persona, animal u objeto, originando un daño consecuente.  La violencia suele orientarse hacia los colectivos más vulnerables: niños, ancianos, discapacitados, mujeres, minorías en riesgo de exclusión social, etc.

La violencia podemos encontrarla en diferentes contextos: familiar, intergénero, sexual, docente, laboral, institucional,  económica, patrimonial, etc.

La primera clasificación que podemos realizar sobre la violencia se divide en: física y psicológica.

Qué es Violencia: Física y Psicológica

Se considera acto de violencia todo aquel que implique la fuerza física o psíquica (verbal o no verbal) sobre otra persona, animal u objeto, originando un daño consecuente.  La violencia suele orientarse hacia los colectivos más vulnerables: niños, ancianos, discapacitados, mujeres, minorías en riesgo de exclusión social, etc.

La violencia podemos encontrarla en diferentes contextos: familiar, intergénero, sexual, docente, laboral, institucional,  económica, patrimonial, etc.

La primera clasificación que podemos realizar sobre la violencia se divide en: física y psicológica.

Violencia física: Consiste en cualquier acción que ocasiona un daño no accidental, utilizando la fuerza corporal o alguna clase de armamento u objeto, que pueda causar o no, lesiones internas y/o externas.

Se considera también violencia física a la invasión del espacio físico de la otra persona: a través del contacto directo con el cuerpo de la otra persona (golpes, empujones…) o restringiendo sus movimientos (encerrando, bloqueando, forzando…). Dentro de este tipo de violencia mencionamos como relevante la violencia sexual.

Muy importante mencionar el hecho de que toda violencia física implica violencia psicológica, ya que la humillación y el desgaste que la primera supone ya es de por sí un ataque emocional.

Violencia psicológica: toda agresión verbal o no, realizada sin la intervención del contacto físico entre las personas, que termina por ocasionar algún tipo de daño a nivel emocional en las víctimas. Más que una forma de conducta, consiste en un conjunto heterogéneo de comportamientos, en todos los cuales se produce una forma de agresión emocional.

Violencia física: Consiste en cualquier acción que ocasiona un daño no accidental, utilizando la fuerza corporal o alguna clase de armamento u objeto, que pueda causar o no, lesiones internas y/o externas.

Se considera también violencia física a la invasión del espacio físico de la otra persona: a través del contacto directo con el cuerpo de la otra persona (golpes, empujones…) o restringiendo sus movimientos (encerrando, bloqueando, forzando…). Dentro de este tipo de violencia mencionamos como relevante la violencia sexual.

Muy importante mencionar el hecho de que toda violencia física implica violencia psicológica, ya que la humillación y el desgaste que la primera supone ya es de por sí un ataque emocional.

Violencia psicológica: toda agresión verbal o no, realizada sin la intervención del contacto físico entre las personas, que termina por ocasionar algún tipo de daño a nivel emocional en las víctimas. Más que una forma de conducta, consiste en un conjunto heterogéneo de comportamientos, en todos los cuales se produce una forma de agresión emocional.

Violencia psicológica: activa y pasiva
Atendiendo a la violencia psicológica, podemos subdividirla en activa o pasiva:

  • ACTIVA: violencia psicológica directa. Las amenazas, coacción o acoso son formas relevantes de violencia psicológica activa. Ejemplos: humillaciones, chantajes, insultos, culpabilizar a la víctima, manipulaciones, etc.
  • PASIVA: sutil e indirecta. Esta forma de maltrato es, si cabe, aún más alarmante, ya que se basa en conductas por parte del agresor muy disimuladas, incluso se basan en ignorar a la víctima, hasta hacerla sentir insignificante, indefensa, sola, necesitada del agresor, merecedora del sufrimiento. En la forma más extrema, encontramos el abandono emocional, en el que la víctima no es atendida en sus necesidades más básicas pudiendo incluso fallecer por estas negligencias (sobre todo, en casos de personas dependientes como niños, ancianos, o personas con movilidad reducida).

Puede ser intencionada o no intencionada, entendiendo el concepto de intención como consciencia del acto por parte del agresor. Sin embargo, desde el punto de vista jurídico, tiene que existir intención de dañar a la víctima por parte del agresor.

La duración de tales actos por parte del agresor es lo que determinará el daño psicológico producido; para que lleguemos a considerarlo maltrato psicológico tales acciones deben mantenerse en el tiempo. A mayor tiempo, más profunda será la huella emocional negativa que quedará impresa en la víctima.

Una anotación muy relevante es que la violencia psicológica es un anuncio de la violencia física; normalmente, cuando la primera se produce es muy probable que la segunda acabe teniendo lugar. Debemos, pues, tomar como alarma ciertas conductas de ataque emocional, ya que pudieran derivar progresivamente en violencia más física.

Violencia psicológica: activa y pasiva
Atendiendo a la violencia psicológica, podemos subdividirla en activa o pasiva:

  • ACTIVA: violencia psicológica directa. Las amenazas, coacción o acoso son formas relevantes de violencia psicológica activa. Ejemplos: humillaciones, chantajes, insultos, culpabilizar a la víctima, manipulaciones, etc.
  • PASIVA: sutil e indirecta. Esta forma de maltrato es, si cabe, aún más alarmante, ya que se basa en conductas por parte del agresor muy disimuladas, incluso se basan en ignorar a la víctima, hasta hacerla sentir insignificante, indefensa, sola, necesitada del agresor, merecedora del sufrimiento. En la forma más extrema, encontramos el abandono emocional, en el que la víctima no es atendida en sus necesidades más básicas pudiendo incluso fallecer por estas negligencias (sobre todo, en casos de personas dependientes como niños, ancianos, o personas con movilidad reducida).

Puede ser intencionada o no intencionada, entendiendo el concepto de intención como consciencia del acto por parte del agresor. Sin embargo, desde el punto de vista jurídico, tiene que existir intención de dañar a la víctima por parte del agresor.

La duración de tales actos por parte del agresor es lo que determinará el daño psicológico producido; para que lleguemos a considerarlo maltrato psicológico tales acciones deben mantenerse en el tiempo. A mayor tiempo, más profunda será la huella emocional negativa que quedará impresa en la víctima.

Una anotación muy relevante es que la violencia psicológica es un anuncio de la violencia física; normalmente, cuando la primera se produce es muy probable que la segunda acabe teniendo lugar. Debemos, pues, tomar como alarma ciertas conductas de ataque emocional, ya que pudieran derivar progresivamente en violencia más física.

¿Por qué no se denuncia?
Denunciar una situación de violencia física es complejo para la víctima, ya que supone afrontar una realidad difícilmente digerible. No obstante, si hablamos de denunciar la violencia psicológica nos encontramos aún en una realidad más compleja: resulta muy doloroso, frustrante y agotador para la persona explicar el daño sin pruebas evidentes con las que demostrarlo.

Secuelas: La huella emocional que suele quedar tras vivir una situación de violencia suele traducirse en síntomas como ansiedad, depresión, adicciones, traumas, repetición de patrones, etc.

Reconocer y afrontar la situación frente a uno mismo y el entorno cercano no es fácil En numerosas ocasiones, vemos cómo la víctima busca justificaciones insostenibles y pone en marcha mecanismos de defensa como la negación de la situación o la Si a la situación emocional le añadimos dificultades económicas o falta de medios que nos lleven a una situación de dependencia para con el agresor, aún se complica más la posibilidad de denuncia.

La víctima necesitará tiempo, información, recursos y apoyo para poder dar el paso de denunciar y, más importante aún, comenzar una nueva vida en un entorno de seguridad.

¿Por qué no se denuncia?
Denunciar una situación de violencia física es complejo para la víctima, ya que supone afrontar una realidad difícilmente digerible. No obstante, si hablamos de denunciar la violencia psicológica nos encontramos aún en una realidad más compleja: resulta muy doloroso, frustrante y agotador para la persona explicar el daño sin pruebas evidentes con las que demostrarlo.

Secuelas: La huella emocional que suele quedar tras vivir una situación de violencia suele traducirse en síntomas como ansiedad, depresión, adicciones, traumas, repetición de patrones, etc.

Reconocer y afrontar la situación frente a uno mismo y el entorno cercano no es fácil En numerosas ocasiones, vemos cómo la víctima busca justificaciones insostenibles y pone en marcha mecanismos de defensa como la negación de la situación o la Si a la situación emocional le añadimos dificultades económicas o falta de medios que nos lleven a una situación de dependencia para con el agresor, aún se complica más la posibilidad de denuncia.

La víctima necesitará tiempo, información, recursos y apoyo para poder dar el paso de denunciar y, más importante aún, comenzar una nueva vida en un entorno de seguridad.

Víctima, testigo o verdugo

   Si eres la víctima, si el malestar marca tu vida, no dudes en pedir ayuda tu entorno y profesional, es una situación de máxima gravedad, no eres merecedor/a de ello, salir de la situación es posible, existen recursos y no estás sólo/a.  Sólo un paso: pide ayuda, deja que te acompañen.

Si eres testigo de ello, no delegues, no tengas miedo, necesita que seas valiente por él/ella, no te permitas acostumbrarte o normalizar la situación. Si detectas indicadores de una posible situación de violencia (pasada, presente o futura), busca ayuda para esa persona, apóyala en sus tiempos y decisiones, siempre ofreciéndola información, recursos y acompañamiento.

Si eres verdugo de la situación, si reconoces la gravedad de tus actos, si no controlas tus impulsos: pide ayuda. Los profesionales no te juzgarán, te ayudarán a mejorar, a ser quien realmente quieres ser.

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